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Luis Eladio
POR: RODOLFO PANTOJA

Hace un mes, cuando se anunció la liberación de Luis Eladio Pérez por parte de las Farc, junto a tres congresistas más, escribí una nota de alegría por los hechos que se podrían presentar con su liberación.
Transcurridos los días la buena nueva llegó y la liberación de Luis Eladio Pérez, el político, el hombre, el esposo, el amigo, se hizo realidad y salió hablando duro, dando fe de ser un buen nariñense.
Y salió, sobre todo con la convicción de seguir luchando por un mejor país, pero ante todo con el deseo de los colombianos de lograr la libertad para todos quienes hoy se encuentran atravesando este calvario.
Hoy, más que nunca, puedo manifestar, sin temor a equivocarme, que la llegada de Luis Eladio no podía haber sido en un mejor momento.
Y no podía ser de otra manera porque el dirigente, quien fue un reconocido congresista de Nariño, regresa a la libertad cuando su sentimiento de liberal debe imponerse de la mejor manera.
Nariño en este momento necesita de una persona que recoja las banderas liberales, las mismas que desafortunadamente por falta de verdaderos dirigentes de esa colectividad tienen sumido al partido en la más honda de las crisis.
Una crisis que cada día se hace más profunda porque, desafortunadamente, quienes decían ser dirigentes del partido decidieron vender lo poco que quedaba de esta organización y entregarse al Polo Democrático en busca de prebendas personales.
Por esa razón, la llegada de Luis Eladio no podía ser en un mejor momento.
Ahora el partido reclama verdaderos líderes para brindarles la posibilidad de llegar al Congreso de la República, pero para defender verdaderamente los intereses de los nariñenses.
Parodiando a Simón Bolívar con su frase dirigida al coronel Rondón, en la batallada del Pantano de Vargas, cuando le manifestó: "Coronel, salve usted la patria", hoy quienes llevamos consigo ese sentimiento liberal podríamos decir, sin temor a equivocarnos: "Luis Eladio, salve usted el partido".
Quienes conocimos y nos preciamos de ser amigos de Luis Eladio, siempre fuimos convencidos de su capacidad, de su elocuencia, pero ante todo de su convicción liberal.
Por esa razón, lo que suceda de ahora en adelante en respaldo a un dirigente que como humano pudo tener todos los errores posibles, seguramente quedará corto ante el apoyo de los nariñenses y, en este caso, de quienes tenemos la convicción de ser sus amigos.
Por esa y por muchas razones más, es válido manifestar la complacencia por el regreso de Luis Eladio y a la vez hacer una causa común para que el Partido Liberal pueda recuperar sus curules en el Congreso y ser el poder de decisión que en otros tiempos fue.
Por ahora es válido esperar qué acciones llegan, pero con la convicción de que seguramente tiempos nuevos y buenos vendrán.

rodolfoperiodista@yahoo.com.ar

EQUINOCCIO
El juego de la guerra
EMILIO CORAL OJEDA

Estamos con la incertidumbre de una guerra en la que podría una vez más volverse trizas el ideal bolivariano de la Gran Colombia, ya que Colombia, Ecuador y Venezuela se enfrentarían bélicamente con toda la capacidad militar de la que dispondrían. Es una verdadera lástima que la causa de semejante tensión entre pueblos históricamente hermanos esté vinculada con las acciones realizadas por grupos armados ilegales, autores de inhumanas, degradantes y gravísimas acciones violentas indiscriminadas contra la población civil en Colombia. Es una vergüenza histórica que vayamos camino de una mutua agresión armada entre ejércitos nacionales colombianos, ecuatorianos y venezolanos en nombre de algo bastante indigno y mezquino como la complacencia con la violación del Derecho Internacional Humanitario y los Derechos Humanos de la población civil en medio de un conflicto armado interno que cada vez más estira sus límites de degradación e inhumanidad.
Uno de los temas recurrentes en la sabiduría popular consiste en saber si fue primero el huevo o la gallina, como es el caso de la presencia de un grupo armado ilegal que comete acciones terroristas contra la población civil colombiana y luego presuntamente se refugia en territorio ecuatoriano, sin que se pueda argumentar que ha sido a espaldas del Gobierno Nacional de nuestro país hermano. La civilidad y soberanía de una nación pueden ser invocadas entonces para asumir actitudes intolerables e inaceptables para todo lo que afecte negativamente la vida misma e integridad de la población civil en cualquier lugar del mundo. Las guerras han tenido como referente histórico la defensa del territorio nacional contra cualquier clase de invasión extranjera. En el caso del reciente ataque al grupo de las Farc en suelo ecuatoriano por parte de las fuerzas militares colombianas, que causó la muerte de su dirigente Raúl Reyes, es claro que sucedió así, ya que inclusive éstas se llevaron dos cadáveres, documentos e información considerada de vital importancia en la lógica de acabar con su enemigo a muerte.
Reconocer esto no implica necesaria y contundentemente asumir una actitud apátrida como ciudadanos colombianos, sino meditar con profundidad sobre hasta dónde el fin justifica los medios, así como en que una cosa es la paz con justicia social y otra bien distinta la que se logra sobre los escombros de la guerra.
Sí, tanto el Gobierno como el pueblo ecuatoriano han acogido con humanidad y dignidad a las comunidades que han salido de sus territorios en calidad de refugiados para salvar sus vidas amenazadas por los combates entre las fuerzas militares colombianos y grupos armados ilegales. Es algo que merece el reconocimiento y agradecimiento del pueblo colombiano, sus gobernantes e incluso la comunidad internacional. Más bien tengamos en cuenta que los pueblos venezolanos, ecuatorianos y colombianos somos parte de la misma patria latinoamericana necesitada de dignificar la vida. En vez de hacernos el mutuo juego agresivo de la guerra, logremos conjuntamente que la población civil colombiana no sufra más sus horrores.
emiliocoral@gmail.com

Humanología
¿Habrá guerra?
Carlos Santa María

La muerte de Raúl Reyes en territorio ecuatoriano causada por fuerzas militares colombianas ha desatado una grave crisis. Es éste el momento de actuar con sereno pensamiento y privilegiando los intereses del pueblo, las naciones y América como un todo.
El Gobierno ecuatoriano ha planteado que existe una violación de su espacio terrestre y aéreo cercano a diez kilómetros, agravado por el bombardeo a un campamento de las Farc en dicho territorio y materializado en el retiro de dos cadáveres de guerrilleros a través de tropas transportadas en helicópteros. Se aúna la declaración del presidente Rafael Correa, quien aseguró que el mandatario colombiano mintió descaradamente al informarle de una situación diferente a la existente sin pedir permiso para la operación, expulsando consecuentemente al embajador en Quito.
El Gobierno colombiano manifestó en sus primeras declaraciones, que no había existido violación a la frontera y que las razones del enfrentamiento se debían a la persecución en caliente del grupo mencionado. Sin embargo, paulatinamente fue cambiando su planteamiento hasta aceptar que existió una intervención en territorio del país vecino con el fin de continuar en la política de seguridad nacional frente a las Farc.
Colombia ha esgrimido dos nuevos argumentos: se ha reconocido que el Gobierno autorizó la incursión militar en un campamento guerrillero ya establecido en territorio ecuatoriano, lo que deja entrever una aceptación tácita del presidente Correa de esa agrupación revolucionaria. Junto a ello, los documentos encontrados en uno de los computadores portátiles del miembro del Secretariado, permiten confirmar que un alto funcionario del Gobierno ecuatoriano intentó establecer relaciones directas con las Farc en la medida que ésta le diese protagonismo al mandatario a través de la entrega de un secuestrado.
El presidente venezolano Hugo Chávez, visiblemente agobiado por la muerte de Raúl Reyes, intervino dando un apoyo directo al presidente Correa, ordenando desplazar diez batallones a la frontera con Colombia, retirar a su delegación diplomática y sentar las bases para calificar la situación como prebélica.
La interrogante es: ¿qué pasará ahora?
En primer lugar, todo indica que si Colombia no hace ningún movimiento militar definiendo una posición de enfrentamiento, la situación en este campo es posible sostenerla equilibradamente propiciando un espacio de concertación necesario e imprescindible. Ello implica que se inician las denuncias a los organismos internacionales por parte de Ecuador referentes a la violación de la soberanía, los que deben ser calificados de acuerdo a las pruebas entregadas y los argumentos explicativos en una suma de procesos concluyentes.
En segundo lugar, obviamente el conflicto se extenderá a otros campos como el comercial e, incluso, al desplazamiento de ciudadanos en los pasos limítrofes afectando el tránsito cotidiano. Naturalmente los ciudadanos en los vecinos países implicados tendrán ciertas dificultades para el normal desarrollo de la vida civil. Desde la comunicación en los medios se desarrollará una ofensiva entre los gobiernos referidos, aunque la importancia básica la adquirirá la opinión mundial en su interpretación de la crisis.
En tercer lugar, para una guerra se requieren pueblos belicosos, acciones de confrontación evidentes, una opinión internacional proclive, inexistencia de mediadores y, por sobre todo, razones de peso para iniciarla.
Afortunadamente, con relativa independencia de líderes que pueden ser guerreristas y los tropiezos propios de la situación, el intercambio humanitario continuará y los sentimientos de hermandad en toda nuestra América superarán las vicisitudes del momento. Por siempre, siempre, la paz será el camino de la razón inteligente.

csantamaria21@yahoo.com

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