P L U M A D A S
Libardo Guerrero Muñoz
Los liberados y el establecimiento
El tema de la semana pasada fue la liberación de cuatro más
de quienes habían secuestrado las Farc y los mantenían en
condiciones infrahumanas en medio de la selva, como lo ha relatado nuestro
paisano Luis Eladio Pérez, cuyas palabras después de haber
estado completamente desconectado de la vida real, dan una idea de cómo
influye en un hombre de primera clase, pues siempre ha sido político
e hijo de otro político por cuya herencia siguió su ejemplo.
En verdad y en últimas cree que todo hay que arriesgarlo para salvar
a quienes siguen sufriendo esa terrorífica situación. Que
todo hay que ponerlo en peligro, sin que explique si se puede confiar
en esa guerrilla, porque si no se puede confiar, si la guerrilla cumple
sus compromisos es una cosa y si no los cumple es otra diferente.
Como los extremos se tocan y algunos tienen en su catecismo aquello de
utilizar todas las formas de lucha, ya estamos viendo que la llamada izquierda
proclive a utilizar esa teoría junto con el establecimiento que
es netamente anti-uribista porque no perdona que alguien se atreva a desviar
sus planes, según lo relataba en sus obras el historiador Indalecio
Liévano Aguirre, de poner presidente para que gobierne sin olvidar
a quien le deben el cargo y Uribe se atrevió a eso, precisamente
a eso con su primera reelección y ha gobernado teniendo en cuenta
solo los intereses de la patria y los tiene amenazados con una segunda
re-elección, se piensa ahora que hay que detenerlo a como dé
lugar porque en ocho años muchas cosas pueden pasar.
Volviendo a los liberados por la guerrilla es fácil darse cuenta
de que en todo, el larguísimo martirio en las entrañas de
la selva, los marcó quien sabe si de por vida.
Mientras tanto la oligarquía tiene como único objetivo detener
a Uribe Vélez no vaya a ser que resulte elegido para un nuevo período,
para lo cual tienen que formar una opinión adversa también
a como dé lugar. Digamos que hay dos fuerzas enfrentadas para cada
una de las cuales el resultado es de importancia suma, como decía
un amigo en cierta ocasión. Ahora bien, parece que la guerrilla
esperaba que se alabe su nobleza y su desprendimiento al dejar en libertad
nada menos que a cuatro ex parlamentarios contando a la señora
Gloria Polanco, quien fue esposa de un parlamentario. Todos han manifestado
que volvieron a nacer, que hay una mezcla de alegría y de pena
al recordar a quienes se quedaron en la selva deseando no ser excluidos
de esa lotería, porque es una verdadera lotería eso de ganarse
la libertad. Por la libertad el hombre está dispuesto a todo, porque
es como ganarse el cielo. Ya todos han contado que en ocasiones estuvieron
dispuestos a morir en la selva, que la vida así como se insinuaba
mientras estaban en poder de la guerrilla y la muerte era mejor la muerte.
He oído diversos cuestionamientos a una columnista de El Tiempo
de nombre Claudia López, pero sin tener en cuenta que ella es solo
una más de los instrumentos que usa la oligarquía para crear
opinión y como ella hay muchos otros que se prestan para el mismo
fin: todo lo ponen en duda, para lo cual un colombiano sigue su naturaleza,
sin hacer ningún esfuerzo. Hay muchos otros que, bien porque sean
de los mismos o porque intentan estar siempre al lado de quienes tienen
dinero, en el mismo periódico, inclusive, desde la apoteósica
marcha del 4 de febrero, empezaron a batallar por quitarle brillo a la
marcha diciendo que debían acordarse de las víctimas de
la guerrilla.
SALA
DE REDACCIÓN
Una marcha sin marcha
Enrique Narváez Benítez
Cuando un grupo de soñadores se atrevió a ir más
allá de lo común y convocó a una marcha contra la
violencia y el secuestro, el pasado 4 de febrero, el país y el
mundo se unieron y convirtieron ese llamado en un suceso difícil
de igualar.
La publicidad de esa convocatoria superó todos los cálculos.
Radio, prensa y televisión se volcaron a respaldar la iniciativa
y esa marcha pasó a ser una causa mundial.
Soy un convencido de que si con marchas se arreglara el mundo, hace rato
que alguien se hubiese inventado el "día de la marcha"
y ya no fuera un propósito humanitario sino todo un suceso comercial.
Para el próximo jueves 6 de marzo se ha hecho un llamado para que
Colombia vuelva a marchar contra esa violencia demente que carcome a la
nación, pero la jornada que se prepara para rechazar los crímenes
de los paramilitares parece destinada al fracaso.
No existe esa publicidad abrumadora de la jornada de febrero. Son más
las críticas que el respaldo. Ningún miembro del Gobierno
se ha pronunciado y hasta los cuatro ex congresista liberados por las
Farc han dicho que marcharán pero sin convicción.
No se con qué propósito, pero esas mismas voces que se elevaron
para promover, difundir y hasta magnificar la marcha de febrero, se han
encargado de diluir el propósito de la que se realizará
el jueves próximo.
En medio de la conveniencia, o no, de la jornada de este jueves, se nota
a leguas que Colombia tiene serios problemas de identidad. Esa polarización
de las ideas y del pensamiento es lo que nos convierte en una República,
cuya Constitución sirve cuando beneficia a unos, pero hay que reformarla
cuando no colma los intereses de otros.
Es realmente desconcertante el arranque repentino de patriotismo de más
de diez millones de connacionales y la indiferencia de ese igual número
de personas ante el desangramiento del país.
Para nadie es un secreto que no hay cosa más horrible que una buena
idea cuando no se nos ocurre a nosotros. Es por eso que tenemos que colgarle
arandelas a las arandelas y descontextualizar todo.
Como van las cosas la marcha del próximo 6 de marzo no tendrá
marcha. Que fácil es defenestrar hoy lo que ayer era válido
para muchos. Siempre nos quejamos de la situación del país,
pero no hacemos nada para cambiarla. Es cierto que una marcha no va a
convertir a Colombia en el paraíso terrenal, pero, de cuando en
vez, es bueno quitarse la venda de los ojos y no dejarse conducir como
borregos a un asado.
enrinarbe@yahoo.es
SEMBRANDO VALORES
Creciendo como personas y como creyentes
Por: Narciso Obando López, Pbro.
El cambio de estructuras en la familia y en la sociedad, en la política
y en la economía, es un engaño y una utopía imposible
sin esta conversión interior. Pues la trampa y el egoísmo
antiguos se agazaparán en la ley y situación nuevas, perpetuándose
así el desamor, la explotación del otro y la opresión
del más débil. Unicamente la levadura que actúa desde
dentro, es decir, la opción evangélica, puede transformar
la masa entera y hacer efectivo el proyecto del reino en nuestra vida
y nuestro mundo.
Los dones que recibimos de Dios tienen una finalidad sublime: colaborar
con él en su reino, es decir, en la obra creadora del bien y del
amor, aportando cada uno su granito de arena. En cada sitio y situación
concreta hay urgencias, necesidades y posibilidades de acción y
compromiso cristianos. Necesitamos un cristianismo de incidencia social.
Hay muchas cosas que si yo no las hago o no las hago bien, quedarán
sin hacer o mal hechas. ¿Qué hacemos por los derechos humanos,
la paz y la justicia? Necesitamos sacudirnos el complejo de furgón
y de arrastre, propio de menores de edad. Menos clericalismo y más
acción de los laicos. La mayoría de edad de los cristianos
no consiste sólo en una mayor formación teórica,
humana, teológica y bíblica. También la acción
y el compromiso forman cristianamente.
El mundo y la historia, la vida y la ciencia, el amor y la justicia, la
sociedad y la familia, todo eso es responsabilidad humana, porque Dios
lo dejó en manos del hombre. Son los talentos que él le
confió para que los ponga al servicio del bien común, multiplicándolos
y haciéndolos asequibles a todos. Esa legítima secularidad,
con Dios en la raya del horizonte, es un presupuesto para la auténtica
mayoría de edad del cristiano.
Por eso, motivémonos para crecer como personas y como cristianos
en profundidad personal y en relación comunitaria, porque esa es
la regla evangélica del juego y la ley del reinado de Dios, ley
de crecimiento a todos los niveles. De lo contrario estaremos abocados
al raquitismo, a las malformaciones, a la esclerosis espiritual. Pues
una vida plena y madura no es fruto automático de la máquina
del tiempo o del paso de los años en el calendario. Una vida corta
puede ser muy fecunda, y otra larga, estéril. Abundan los ejemplos.
¡Cuánta pequeñez y ruindad humana nos circundan! Que
el Señor nos abra los ojos para vernos tal cual somos. Que él
nos conceda el espíritu joven del evangelio para amar cada día
más, para empezar la vida cada mañana a los treinta, cuarenta
o sesenta años. Dios es muy espléndido; espera tan sólo
un atisbo de generosidad por nuestra parte para darnos con creces y hacer
fructificar nuestro esfuerzo hasta el ciento por uno.
Por eso necesitamos vivir en un perenne estado de conversión, porque
el momento que vivimos es apremiante. Tal estilo conversional y desinstalado
es lo que marca la característica más profunda del creyente
en su condición itinerante y de paso por la vida.
Bendito seas Señor Jesús, porque hoy nos invitas a optar
contigo por la espléndida aventura del reino de Dios. Este es el
camino más rápido y directo para la plenitud como personas
y para una fecunda mayoría de edad cristiana. Haz que tu amor desbordante
y el momento decisivo que vivimos nos motiven para crecer más y
más como personas y cristianos. Conviértenos, Señor,
a los valores perennes de tu reino: verdad y vida, santidad y gracia,
justicia, amor y paz, concédenos el espíritu joven del evangelio
para amar más, para empezar la vida cada mañana, para hacer
efectiva la plegaria incombustible del padrenuestro: venga a nosotros
tu reino. Amén.