PIZARRON
Educar para la vida
Pablo Emilio Obando A.
¿Educamos para la vida? O, quizás, simplemente, para ganarse
la vida. Porque al fin y al cabo educar para la vida es educar para ser
feliz, para despertar todos aquellos instintos que ineludiblemente nos
llevarán al encuentro con nuestro propio ser.
Decía un maestro a sus alumnos que muchas veces todo aquello que
nos gusta no es lo que más conviene, por el contrario, expresaba
que en múltiples e infinidad de ocasiones es conveniente hacer,
en provecho propio, aquello que, aunque no nos guste, nos conviene para
nuestros más cercanos intereses. Y es ahí donde la educación
entra a tomar partido en el ámbito donde los intereses terminan
e inician las ganas de vivir.
Mirar nuestra sociedad es mirar todo un cúmulo de personajes que
han "triunfado" en la vida. Los miramos con apariencia de grandes
señores y de virtuosas damas, pero que en realidad no son nada
más que una careta que esconde sus reveses existenciales. Frustraciones
que son el producto de una educación fracasada y castradora, que
se mueve al antojo de los intereses de turno y que prepara al ser humano
para hacer parte del gran engranaje económico-social. No es que
se quiera decir con esto que la riqueza o el éxito social es algo
desagradable. Simplemente insinuamos que sin la educación adecuada
no puede existir ni lo uno ni lo otro. La pobreza tampoco es una tarjeta
de presentación social. Hay tantos pobres infelices como ricos
desgraciados.
Y es en la educación donde se puede hacer la diferencia. Es en
ese contexto donde se puede despertar en el hombre el deseo de vivir.
¿Acaso no es censurable que la máxima aspiración
de un ser humano sea conseguir un trabajito para, simplemente, jubilarse
y envejecer? Qué tipo de vida es aquella que nos acerca a los animales
considerados inferiores. Muchos de ellos nos superan en esperanzas y expectativas
de vida.
Pero qué podemos esperar de una educación que no ha sido
capaz de despertar el sentimiento hacia las cosas realmente importantes
de la vida. No hemos superado viejos esquemas que nos conducen ineluctablemente
a la repetición de modelos y esquemas obsoletos de vida. El simple
prurito de educar para repetir nos ha llevado al fracaso social.
Educar para la vida es ampliar el espacio que cada individuo tenga en
la vida; y eso lo consigue el maestro que ha hecho de su propia vida un
estilo de vida.
No podemos ser verdaderamente competentes sin la ayuda imprescindible
de la educación. Ser competente es tomar por mano propia el timón
de la existencia sin contemplar el cúmulo de prejuicios que nos
cercan el sendero de la vida... es superar a las generaciones que nos
precedieron. Cuando una educación se basa en competencias el alma
se sacude y el intelecto cobra una fuerza inusitada, porque, realmente,
educar en competencias es transformar la inmediatez de nuestra realidad
más próxima.
Una sociedad que no se sacude de sus experiencias negativas, que las vive
repitiendo, que produce bobos que se creen vivos estafando al prójimo
no es digna de ser catalogada como civilizada.
Y en este rol el educador juega un papel de primer orden. Su tarea no
se limita a transmitir datos o brindar información. Su misión
está marcada en la superación de viejos paradigmas que aprietan
el cuerpo y la mente de los educandos. De qué vale otorgar un simple
cartón de bachiller, cuando quien lo obtiene lleva en su mente
la inexorable misión de desempeñarse en labores que únicamente
exigirán y requerirán destreza manual simple.
Con la propuesta educativa de competencias se pretende acercarnos al intelecto
humano. Es pretender un cambio de actitud en el aula y fuera de ella.
Con las competencias se busca ir más allá el mundo que nos
rodea, es cuestionar desde nuestros adentros la "realidad" que
se nos ha impuesto. Cuando el ser cuestiona, piensa, reflexiona, critica
y propone podemos estar seguros que su educación se ha basado en
competencias. Cuando el ser calla, miente, no critica, mucho menos cuestiona
o propone, estamos frente a un ser que simplemente fue instruido.
Esa es la diferencia, la discrepancia que separa a un verdadero ser humano
de un simple homínido con costumbres ancestrales.
peobando@gmail.com
PEON
¿Y... los otros desplazados?
"Cuando sientas que se te va el aliento, ponte de pie y lucha. Que
te venza Dios, no el destino".
Shakespeare
Luis Eduardo Solarte Pastás
Como nunca antes los habitantes del departamento de Nariño están
afrontando las nefastas y tétricas consecuencias del conflicto
armado interno que vive el país. Atrás quedaron aquellos
años en que esta parte de la Patria se consideraba y se mostraba
como una especie de oasis para la convivencia armónica. Pero no
de paz con justicia social y equidad, porque esto aquí no ha habido.
Hace mucho tiempo que los nariñenses, en especial quienes sobreviven
en zonas que han sido señaladas y marcadas dentro del mapa colombiano
con tinta de color púrpura, han aprendido a imaginar la muerte
para evitarla como una lección primordial que día tras día
no se puede olvidar.
Hoy ya no es un secreto saber que a lo largo y ancho de todo el territorio
nariñense la violencia está presente en sus múltiples
manifestaciones, primordialmente en la que son actores las Fuerzas Armadas
del Estado, la guerrilla y los paramilitares. Ella reina y acecha por
todas partes, se encuentra a la vuelta de la esquina y el único
aliado es uno mismo. Frente a esta caótica situación aprende
esto, hijo, me dice, mi antepasado, mi padre, mi abuelo: ¡Tienes
que sobrevivir!
Para parafrasear a Sartre, estamos condenados a la violencia; se ha convertido
en el acto cotidiano, en la negra luz que nos alumbra. No obstante, las
buenas intenciones y los esfuerzos del gobierno de Superuribe para dizque
contrarrestarla, aunque se tenga que dejar a un niño morir de hambre
porque es necesario comprar un moderno fúsil, ella se refleja en
los cuerpos esqueléticos, en las miradas fantasmales y sin horizonte
alguno de la inmensa mayoría de gente que la lleva a cuestas.
Un ejemplo patético de todo ello son las personas desplazadas de
todos los matices que han tenido que salir corriendo de sus tierras o
de sus sitios de trabajo con lo único que llevan puesto y con la
esperanza de no dejarse atrapar en cualquier parte de los macabros tentáculos
de una guerra sin nombre. Pues, aquí como en otras partes de Colombia,
ya no se puede determinar con suma claridad y certeza de dónde
es que provienen las amenazas de muerte y lo que es peor, las balas asesinas.
Al mejor estilo de Poncio Pilatos, todos los actores se lavan las manos.
Contrariamente a lo que se creía y se pensaba desde las altas esferas
del poder colombiano, el desplazamiento en Nariño continúa
creciendo como una flor silvestre, sin que se vislumbren a corto plazo
unas soluciones que permitan por lo menos controlarlo, si es que por ahora
resulta imposible que las personas que tienen el Inri de desplazados no
pueden regresar a sus lugares de origen.
Así lo demuestran las cifras dadas a conocer por el Observatorio
Regional de los Derechos Humanos y el Derecho Internacional Humanitario
que maneja la Fundación Desarrollo y Paz (Fundepaz). De acuerdo
con el estudio realizado entre los años 2001-2007 los desplazados
alcanzan las 85.641 personas, de donde tan sólo en el año
anterior se tuvo que 21.058 tuvieron que abandonar sus tierras para salvar
lo poco que les quedaba de vida.
Sin embargo, dada la dimensión que ha alcanzado el conflicto en
el departamento los datos pueden ser superiores, en razón a que
existen personas que no se llegan a censar por múltiples circunstancias,
pero que al igual que los campesinos, indígenas y afrodescendientes
también son víctimas de la violencia y llegan a convertirse
en desplazados.
Son las personas que en su condición de funcionarios de diversa
índole, como judiciales, profesores, médicos, etc., y hasta
quienes ostentan investiduras religiosas, se han visto en la necesidad
de cumplir perentoriamente la "orden" de salida del medio en
donde trabajan. Todo porque no han querido prestarse a hacer o no hacer
las maquiavélicas pretensiones de todos aquellos que sólo
buscan un interés individual o sectorial en detrimento del bien
común, aunque para ello tengan que valerse de los actores de la
guerra ...
solarpastas@hotmail.com
Un
espectáculo para vivirlo
Hernán Insuasti Gonzales
El próximo fin de semana será especial para los habitantes
de la ciudad de Pasto y todo el departamento de Nariño, debido
a que tendremos la oportunidad de vivir un espectáculo nunca antes
visto en nuestra región.
Se trata de las competencias pertenecientes al Campeonato Nacional de
Bicicross a escenificarse en la modernísima pista ubicada en el
Centro Recreativo y Ambiental de Obonuco. Ese lugar, que no lleva más
de un año de construcción, presentará por vez primera
una programación de esta naturaleza, por eso, desde ya, nos alistamos
para deleitarnos con las habilidades de niños, niñas y jovencitos
procedentes de Antioquia, Valle, Bogotá, Cauca y otros lugares
de nuestra geografía nacional. Obviamente el talento local nos
representará, seguramente, con muchos títulos.
Infortunadamente esta clase de eventos deportivos no se presentan frecuentemente
en Nariño, ya que prácticamente no existen escenarios para
ello. La pista fue construida después de mucha insistencia por
parte del entrenador pastuso Jaime Fajardo, quien además, aportando
su trabajo, logró hacer realidad ese sueño. Es así
como a esta altura el mencionado lugar es uno de los mejores del país.
Aparte de los coliseos que tenemos en Pasto para la práctica del
microfútbol, baloncesto o voleibol, y del bonito estadio Libertad
con que contamos gracias a las buenas actuaciones del Deportivo Pasto,
todavía sufrimos por la escasez de lugares para la sana diversión
deportiva.
Por ejemplo, el atletismo no tiene una pista adecuada, ante lo cual los
grandes corredores, que de manera frecuente surgen, se quedan a mitad
de camino en sus aspiraciones de llegar a brillar, todo porque no tienen
dónde entrenar de la manera más adecuada y digna.
Como siempre ocurre, la clase política brilla por su ausencia,
sólo se aproxima al desarrollo de las competencias para figurar
y posteriormente ganar adeptos en sus campañas políticas.
Esperamos que el campeonato de bicicross que se avecina sea el punto de
partida para que al deporte se le de el lugar que merece y que los deportistas
no sigan siendo los mendigos de siempre.
Felicitaciones a las personas que hicieron posible la consecución
de la sede para este campeonato nacional. Que otros dirigentes y entrenadores
de las diversas disciplinas hagan lo mismo para, en un futuro inmediato,
poder contar nuevamente con esta clase de espectáculos.
insuastigonzales@yahoo.es