¿Por
qué están matando a los taxistas? Lamentablemente se ha vuelto un lugar común dentro de
los círculos de opinión y de información referirse
con muy poco sentimiento a los fenómenos de violencia que sufre
nuestra patria. Pareciera que el doloroso panorama de muertes y sangre
que se da casi cotidianamente, hubiera llegado a modificar el natural
rechazo a tales hechos y a casi acostumbrar a la sociedad a mirarlos como
"quien ve llover".
Sin embargo, no puede jamás un medio periodístico caer en
la tentación de seguir esa mala corriente y debemos, por tanto,
plantear una reflexión al respecto, en estos días cuando
se han presentado en Pasto una serie de muertes misteriosas entre el gremio
de taxistas.
Cabe pensar, en primer término, que la Fuerza Pública tiene
como una de sus preocupaciones la lucha contra la subversión, en
medio del conflicto armado en que se debate la nación, de tal manera
que se ha vuelto casi una prioridad. Esto es mucho más visible
cuando se trata de las fuerzas policiales, enfrentadas a las guerrillas
y al narcotráfico, principalmente, en una lucha que es ahora de
positivos resultados.
Sin embargo, pareciera ser que en cumplimiento de esas funciones no se
ha puesto el debido cuidado a los ataques permanentes de la delincuencia
común. Como piensan varios observadores, se puede decir que la
pesca en río revuelto la está haciendo para su beneficio
ese tipo delictivo de la sociedad.
En todo caso, en la ciudad en estos días se ha incrementado la
inseguridad en la vida civil. Prueba de ello son estos asesinatos de taxistas,
que tiene angustiado al gremio y asustada a toda la sociedad. Y cuando
se trata de analizar las causas del mal surgen diversas posibilidades
dentro del panorama violento que se vive en Colombia.
Por una parte es posible pensar que hace falta una actividad intensa,
planificada, contra la delincuencia común que se está adueñando
de ciertos lugares de la ciudad, aprovechando el que la policía
tenga que, prioritariamente, combatir la subversión. Allí
pueden estar los culpables de estos crímenes. Pero cabe pensar
que los criminales estén dentro de esa plaga que se llama el sicariato
y que también ha penetrado lamentablemente en Pasto. Esto, en el
común de los comentarios populares, es lo que más ha resultado
convincente. Pero esto implica, una vez más, el que se debe hacer
una reingeniería dentro de los procedimientos policiales para proteger
la vida de los habitantes del sur de Colombia.
Cabe pensar también que las empresas de transportes tienen directa
o indirectamente algún comportamiento causal del fenómeno
delictivo acontecido con sus conductores. Debería reflexionarse
en torno a las condiciones económicas en que trabajan, en las extenuantes
jornadas de trabajo. Así mismo es necesario que se exijan más
requisitos para el ingreso a tales labores, que no sólo pueden
ser corroboradas por el certificado judicial. Pero ante todo, debería
pensarse en hacer un seguimiento a las actividades desarrolladas por los
mismos, de tal manera que se evite al máximo la posibilidad del
encuentro entre los delincuentes y los taxistas. Cabe pensar que inclusive
el control de los destinos de las carreras que se hacen debería
ser implementado en forma diferente.
Lamentamos, en todo caso, que lo que ha pasado convierta a Pasto en la
actualidad en una de las ciudades más peligrosas del país.
Pero esta es una fuerte alarma social para tomar las medidas pertinentes,
ya que no se puede seguir así.
EN
UN 27 DE MARZO
1984.- Partido de infarto
Un soberbio partido esperan ver los 60 mil aficionados que acudan esta
noche al estadio Pascual Guerrero de Cali, cuando se enfrenten los oncenos
Flamengo, campeón de Brasil y el América, campeón
colombiano, por la Copa Libertadores. El partido es válido por
el Campeonato Copa Libertadores de América, correspondiente al
grupo 3, donde también están Santos de Brasil y Junior,
subcampeón colombiano.
1990.- Acercamiento entre Cedenar y La Unión
Con la mediación de la señora Melva Cerón de Belalcázar,
elegida como alcaldesa de La Unión, se ha logrado el acercamiento
entre el Comité Cívico de ese municipio y la gerencia de
Cedenar para tratar de solucionar el problema surgido con las tarifas
de energía, cuyos montos han sido rotundamente rechazados por los
habitantes venteños.
1995.- Emergencia en Fonseca
En Fonseca, Guajira, se está sintiendo la crisis por la masiva
deportación de compatriotas desde Venezuela. Está escaseando
el agua, los medicamentos y toda una serie de recursos vitales para la
atención de colombianos que vivían ilegalmente en el vecino
país. El defensor del Pueblo para la Costa Atlántica, Oswaldo
Enríquez, señaló violaciones a los derechos humanos.
2001.- Cinco meses sin fiebre aftosa
Un alentador informe entregó en las últimas horas el ICA
seccional Ipiales sobre la fiebre aftosa en esta región, donde
no se han presentado brotes de la mortal enfermedad hace más de
5 meses. Lo anterior a pesar de la alarma mundial debido a la presencia
de la enfermedad en los países europeos donde se han tenido que
sacrificar miles de cabezas de ganado.
2005.- Vigilia Pascual sin Juan Pablo II
Por primera vez en sus 26 años de pontificado, Juan Pablo II no
presidió anoche la Vigilia Pascual, que celebró en su nombre
en la basílica de San Pedro del Vaticano el cardenal Joseph Ratzinger.
Aunque su delicado estado de salud le impidió estar en la basílica,
el anciano pontífice católico la siguió por televisión
desde su apartamento en el Palacio Apostólico.
Referendo
sobre las transferencias
Juan Camilo Restrepo
El Partido Liberal está promoviendo un referendo para echar atrás
el acto legislativo por el cual se reformó recientemente el régimen
de las trasferencias a departamentos y municipios. Ya recogió un
número significativo de firmas ciudadanas y se dispone a intentar
la convocatoria de un referendo revocatorio. El gobierno, a su turno,
anuncia que se opondrá con toda energía a la iniciativa
del Partido Liberal.
Creo que en esta controversia le asiste la razón al gobierno. En
primer lugar: porque la vía del referendo no es la adecuada para
consultar a la ciudadanía sobre asuntos de impuestos o fiscales.
La ley colombiana y muchas legislaciones extranjeras (como la italiana)
prohíben que se utilicen los mecanismos de consulta popular para
asuntos tributarios. Y es lógico. La reacción primaria de
la gente en este tipo de consultas es rechazar todo lo que tenga que ver
con impuestos, sean estos justificados o no. Claro, acá en rigor
el Partido Liberal está promoviendo una consulta sobre transferencias
y no sobre impuestos. Pero aún así la objetividad en el
juicio político es esquiva y puede prestarse a visiones caricaturales
del asunto consultado.
Pero en segundo lugar, y esto es lo más importante, el último
acto legislativo no desmejoró a los departamentos y municipios
con relación a como venían funcionando las cosas desde 2001.
Por el contrario, las transferencias son hoy en día las partidas
presupuestales mejor blindadas contra cualquier intento de recorte.
Desde luego, si la comparación se hace no con relación a
las reglas de juego que quedaron trazadas desde 2001 sino con las pautas
que se señalaron en 1991, podría argüirse que la descentralización
ha sufrido algún menoscabo con la reforma que se aprobó
en 2007. Pero volver a los parámetros del 91 a estas alturas resulta
imposible económicamente y fiscalmente suicida.
La mejor prueba de que no hay recorte en el sistema general de participaciones
la encontramos en el presupuesto de 2008 que se diseñó con
base en los lineamientos del nuevo acto legislativo. Las transferencias
para 2008 ascenderán a $19,3 billones con un incremento del 10,3%
frente al nivel que alcanzaron en 2007. Es decir crecerán al doble
de cómo lo hace la inflación. Probablemente ninguna otra
partida presupuestal tiene asegurado un ritmo de crecimiento igual a éste.
Lo anterior no significa que el gobierno no practique un talante centralizador
avasallador. Pero esto lo refleja más en otros campos que en el
de las trasferencias. Como cuando desde los consejos comunales o desde
el plan de carreteras denominado "Plan 2500" otorga desde el
nivel central platas para vías secundarias y terciarias cuya asignación
debería corresponder a las entidades territoriales. O cuando para
complacer intereses regionales -en un gesto de claro clientelismo centralizante-
hace incluir en el presupuesto nacional y en el plan de desarrollo partidas
que deberían ser priorizadas no por el gobierno de Bogotá
sino por los departamentos y municipios.
Ese es el espíritu centralizador que hay que combatir. Pero esto
no se hace a través de referendos reformatorios de la Constitución
sino mediante un control político valeroso y cotidiano. Control
que desafortunadamente se ha vuelto temeroso y esporádico por estos
días.