La
Pascua, toda una fiesta
Juan Miguel Narváez Eraso
Ayer los católicos celebramos en el mundo entero la Resurrección
de Nuestro Señor Jesucristo, fecha de profundo significado y de
infinita alegría para nuestros corazones.
A partir de aquella conmemoración, en los diferentes templos de
la ciudad de Pasto y en nuestros hogares, dejamos a un lado la tristeza
y la incertidumbre respecto a nuestra existencia.
Con el Domingo de Resurrección o de Pascua, adquiere sentido toda
nuestra religión, porque Jesús descendió a los infiernos,
triunfó sobre la muerte y con ello nos abrió las puertas
del Cielo.
En la misa dominical efectuada en la Catedral, en San Juan, La Merced,
Fátima, San Felipe Nery y de San Sebastián entre otros,
recordamos de manera especial esa gran alegría. Por ello, los sacerdotes
de cada templo encienden el Cirio Pascual, el cual representa la luz de
Cristo resucitado y que permanecerá prendido hasta el día
de la Ascensión, es decir, cuando Jesús sube al Cielo.
La Resurrección de Jesús es un hecho histórico, cuyas
pruebas entre otras, son el sepulcro vacío y las numerosas apariciones
de Jesucristo a sus apóstoles, los cuales una vez comenzaron a
hablar en diferentes idiomas emprendieron la tarea de extender la palabra
de Dios por todo el planeta.
Cuando celebramos la Resurrección de Cristo estamos homenajeando
también nuestra propia liberación, porque con ella derrotamos
el pecado y la muerte.
En la ceremonia eucarística de ayer, muchos comprendimos que en
la resurrección encontramos la clave de la esperanza cristiana,
por ello deducimos que si Jesús está vivo y permanece junto
a nosotros, ¿a qué podemos temer? o ¿qué nos
puede preocupar?
Para quienes realmente tenemos fe y esperamos en el Creador, cualquier
sufrimiento adquiere sentido con la Resurrección, pues podemos
estar seguros de que después de una corta vida en la tierra, si
hemos sido fieles, llegaremos a una vida nueva y eterna, en la que gozaremos
de Dios para siempre.
Si Jesús no hubiera resucitado sus palabras hubieran quedado en
el aire, sus promesas no se habrían cumplido y dudaríamos
que fuera realmente Dios.
La Resurrección es una luz y cada ser humano debe irradiarla hacia
los demás mediante sus palabras, testimonios y trabajo apostólico.
Con la celebración de la Semana Santa también asimilamos
la práctica del perdón, la reconciliación y la solidaridad,
valores de mucha importancia en nuestra sociedad para la consecución
de la paz.
¿Qué
es lo que quiere Correa?
Por William Acevedo Sánchez
Es preocupante la insistente posición e indisposición del
presidente ecuatoriano Rafael Correa no sólo contra el Gobierno
sino contra el pueblo colombiano.
No debería el mandatario, que fue otro militar rebelde y promotor
golpista, preocuparse tanto si en verdad no tiene nada que ver con las
acusaciones "diplomáticas" que hasta ahora se han hecho
por sus posibles vínculos con la insurgencia colombiana. Cuando
nada se debe, nada se teme.
Sin embargo, su beligerancia lo único que busca es distraer la
atención de la comunidad internacional para que no se le siga teniendo
como un gobernante que cobija el terrorismo y que de alguna manera ha
tenido conocimiento de lo que estaba sucediendo dentro de las fronteras
de su país contra las fronteras colombianas.
Rafael Correa es el pelele de Hugo Chávez y con seguridad que la
"orden" del dictador venezolano es continuar atizando el fuego
en la frontera sur de Colombia para provocar un enfrentamiento bélico,
que es en el fondo lo que pretende el golpista autodenominado líder
bolivariano.
Hay una falsa calma, después del encuentro en Santo Domingo, que
cual río manso en la superficie lleva poderosas, traicioneras y
peligrosas corrientes en el fondo, aprovechadas por los dos mandatarios
vecinos que insisten en su antinorteamericanismo aunque continúan
recibiendo beneficios de sus negocios con el gran imperio, como denominan
a Estados Unidos.
Correa sigue amenazando con no restablecer sus relaciones diplomáticas
con Colombia y ahora dice que si el guerrillero muerto en el campamento
donde murió 'Raúl Reyes' es ciudadano ecuatoriano, tomará
otras medidas en contra de nuestro país. Es una amenaza abierta,
sin velos, con el tizón venezolano para encender la hoguera de
la guerra en Sudamérica y de hecho en todo el continente, con todas
las implicaciones que ello tendría.
El Gobierno colombiano debe adoptar también una posición
definitiva frente al Gobierno de Correa. A pesar de los lazos de hermandad
que han unido a los dos pueblos a lo largo de su historia, si es necesario
romper en definitiva las relaciones, que se haga y preparémonos
para afrontar lo que se desprenderá del asunto. Pero, ya es suficiente
con los alaridos amenazantes de un mandatario que sí sabe qué
está pasando tras sus fronteras contra los intereses colombianos.
No más relaciones y punto. ¡Chao Correa! ¡Que su pueblo
lo juzgue, porque de acá ya está condenado! Gracias.
¡Gracias
semanasanteros!
MARCO ANTONIO VALENCIA CALLE
Aunque, como muchos ya saben, estoy vetado por el presidente de la Junta
Pro Semana Santa para asistir y reseñar sobre las actividades de
esta organización, porque no escribo para los grandes medios (?),
quiero desde este modesto periódico (sin permiso de nadie) manifestar
mis felicitaciones a las personas que hicieron posible ese cruce de esplendor,
arte y estética a través de las procesiones. La magnificencia
y el compromiso demostrado por cada uno de ellos, hicieron que tuviéramos
una Semana Santa en Popayán bellísima y sin precedentes.
Nunca me sentí más orgulloso de ser payanés que esta
semana contemplando las procesiones. Tanta pasión y entusiasmo
de parte de los cargueros, sahumadoras y toda esa multitud de semanasanteros
(as) que trabajan para la excelencia manifiesta, motivan a vivir con solemnidad
la tradición que más nos identifica y nos debe unir como
habitantes de la ciudad blanca.
El mito que reza: "Las procesiones de Popayán son las más
bellas del continente", sigue vivo, es cierto y no cabe duda; el
mundo entero pudo ser testigo de ello a través de las transmisiones
de radio, televisión e internet que se hicieron tanto desde los
medios locales, como desde la red de canales de televisión que
reseñaron con lujo de referentes históricos cada una de
las noches mágicas que extraños y payaneses pudimos vivir
con la piel de gallina y nudos en la garganta.
Hay que destacar el trabajo de las mujeres, cada vez más denotativo
y protagónico. Baluartes de belleza, compromiso y devoción
que hacen de nuestra fiesta religiosa un asunto para la gracia de Dios,
con un orgullo ajeno a la vanidad. Porque han sido y son nuestras madres
las que enseñan en casa el respeto y la necesidad de preservar
un patrimonio que nos llena de orgullo.
Cada procesión, al igual que cada acto litúrgico para el
cual nuestros sacerdotes sacan a relucir toda la carga poética
y significativa "de la pasión y muerte" del Cristo que
nos identifica, permitieron seguir construyendo la ciudad amada y sin
fronteras que año tras año, con devoción y admiración
es visitada por miles de peregrinos.
Los foráneos, los emigrantes, la gente que ha llegado por azar
para quedarse a vivir en Popayán, los turistas, los comerciantes
y las nuevas generaciones han venido entendiendo que las procesiones son
un asunto de cultura, pero también de profundas raíces religiosas
que tenemos que apoyar y defender; y donde, si no se participa directamente,
se respeta y admira sin vacilaciones. ¡Gracias semanasanteros!
Email: valenciacalle@yahoo.com
Plumadas
LIBARDO GUERRERO MUÑOZ
Pasamos otra Semana Santa
El nuevo Santo Padre, o como se lo llama en el común lenguaje de
los católicos, ha vuelto a hablar del 'diablo' como un personaje
creado por el mismo Dios, cuando ya los católicos habíamos
enterrado al personaje, con base en el Segundo Concilio vaticano que había
establecido, prácticamente, que el diablo no existía, desde
que se definió qué era el cielo y en qué consistía.
Se había autocontestado que el cielo consistía en la presencia
de Dios y el infierno en su ausencia, lo que entrañaba que el demonio
ni el infierno tampoco existían. Además era más lógico.
Pero el actual Santo Padre ha desechado esa versión, y sus razones
tendrá. Ahora el demonio sigue existiendo, si bien en el universo
no se ha encontrado un lugar para el infierno, no obstante que se han
descubierto otras 'tierras', lo que significa que hay que buscar dónde
está ese infierno.
En la Biblia que escribieron los judíos se suponía que el
Edén, lugar donde supuestamente las serpientes hablaban, había
sido creado entre los ríos Tigris y Eufrates y que la ciencia ha
descubierto que por allí nunca existió el primer hombre
de quien descendíamos todos los mortales, porque la vida se creó
por otro sistema y por otros medios.
La discusión no es de poca monta, como es fácil de comprender,
puesto que allí, en esa discusión, entra en asunto de cómo
llegó la vida a nuestro planeta. De quién tiene la razón
y está en lo cierto, digamos que es un asunto de vida y muerte,
de cómo se pobló la tierra y de cómo y para dónde
vamos nosotros los miembros de la raza humana.
Todo está en descubrir quién tiene la razón, si los
judíos o los científicos. Los primeros dicen que nacimos
en el Edén, donde fueron procreados Caín y Abel que nacieron
de la desobediencia de los padres creyendo, eso sí, que todos somos
hermanos como hijos de los mismos padres. Si fue real la versión
de la Biblia de los judíos, todos descendemos de unos mismos padres,
aunque queda por explicar por qué los hijos del continente africano
nacieron negros.
Y si fue cierta la teoría de los científicos de que la vida
en el planeta se formó por culpa de unas amibas que se fueron transformando
hasta producir al hombre, quedaría también por explicar
lo mismo, por qué hay y hubo diferencias de las razas. De dónde
viene a resultar que hay parecidos obstáculos.
Pasando a 'nuestra' Semana Santa, calcada en los modelos de la Iglesia
católica que los españoles trajeron e implantaron aquí
desconociendo los dioses que aquí tenían nuestros antepasados,
para lo cual nuestra Iglesia tuvo dos mil años -claro que con los
sismas de Lutero y de Enrique VIII, que crearon la iglesia protestante
y la iglesia anglicana- tiempo suficiente para edificar templos hasta
en el Japón y la China, en el otro lado del mundo.
Aquí se sigue el modelo católico y no los otros modelos
que los medios de comunicación que se quieren echar un barniz de
izquierda siguen con la cantaleta de que Jesús o Cristo formó
con María Magdalena una familia que emigró a Italia con
hijos y, obviamente, nietos y descendientes con lo cual como poseedores
de una gran verdad suelen enredar a curitas poco ilustrados y poco informados,
como uno que escuché la semana pasada, afortunadamente con un jesuita
que supo desbaratar científicamente ese injundio y la sabiduría
que presumía la entrevistadora.
Recorriendo las iglesias de Pasto pude darme cuenta hasta dónde
se ha incrustado el modelo católico en nuestra gente y por lo general
en el pueblo colombiano, puesto que las transmisiones de la televisión
mostraban el mismo fenómeno en las demás ciudades colombianas.