La reunión del Grupo de Río que se efectuó en Santo
Domingo la semana pasada, resultó una descubierta que hizo el presidente
Uribe Vélez ante un hermano díscolo (el de Ecuador) que
no tenía cómo refutar sino diciendo que todo era mentira;
es la defensa de quien se siente descubierto, cosa que vemos casi todos
los días con los ladronzuelos que niegan que están robando
con el cuerpo del delito en la mano.
El golpe del ejército fue estupendo; no era contra el pueblo ecuatoriano,
sino contra colombianos que estaban instalados cómodamente en territorio
ecuatoriano con instalaciones que no eran provisionales sino definitivas.
Los dirigentes de otros países no han tomado en cuenta esos detalles
y han marchado por el atajo de condenar una supuesta violación
del territorio ecuatoriano haciendo gala barata, especialmente los presidentes
comunistas, de una sesgada interpretación, que entre otras cosas
resulta bien fácil. No saben que el mundo va tomando nota de esas
cosas que parecen pequeñas, pero sirven para los conceptos consiguientes.
Ahora bien, los guerrilleros nunca pensaron que iban a ser víctimas
de ningún ataque, ni menos que iban a morir de repente; de haberlo
tenido en cuenta no habrían contado lo que marcaban en el computador,
que ha servido para posteriores denuncias.
Hay que recordar que no es sólo un computador el que cayó
en manos del Ejército colombiano sino tres, todos contienen valiosa
información y nuestro Ejército tiene suficiente capacidad
para manejar tales aparatos. El presidente de Venezuela fue el más
sensato de los contendores, porque Uribe prometió su anunciada
denuncia ante la Corte Internacional de La Haya y él dijo que estaba
listo para defenderse.
¿Qué habría pasado si el Ejército colombiano
no hace ese formidable ataque? Claro que todo habría seguido aparentemente
bien. En primer lugar no se contaría con los computadores y todos
habríamos continuado engañados, creyendo que estaban hablando
sólo de acciones humanitarias con el señuelo de dejar en
libertad a Ingrid Betancourt, a quien están lejos de liberar, pues
hasta ahora nunca se ha mencionado, siquiera mencionado, de su liberación,
es decir, los colombianos habríamos seguido engañados, creyendo
en el cuento humanitario, lo que le saca una ventaja más al ataque.
En el computador, o mejor en los tres computadores, está la historia
de los tratos realizados por los presidentes de los otros países
que sabemos, especialmente del que mira con ceño adusto al nuestro,
que les está dando una lección de carácter.
En realidad salimos de una equivocación en que estábamos.
Porque no estábamos enterados de los pormenores que nos han traído
los tres computadores trasladados por el Ejército colombiano y
confiscados a Raúl Reyes, de suerte que es a la memoria de este
sujeto a quien se debe culpar de haber escrito tantas cosas minuciosamente,
despojado del barniz que les estaba sirviendo de careta, pues ahora todo
queda en su sitio.
Parece que resulta del golpe del Ejército hasta un triunfo psicológico,
porque los efectos de la destrucción del reducto guerrillero en
el vecino país siguen produciendo buenos efectos, nos ha quitado
una venda de los ojos y nos ha librado de seguir creyendo en las falacias
que estábamos escuchando hasta entonces.
SEMBRANDO
VALORES
Aborto, pena de muerte para los niños
Narciso Obando López, Pbro.
El fallo de la Corte Constitucional en Colombia ha despenalizado el aborto,
como es conocido por todos, en los casos especiales de violación,
malformación del feto, peligro de muerte para madre, claro está,
faltando todavía su debida reglamentación de carácter
jurídico para una mayor comprensión e interpretación
del fallo.
Se ha dicho que en nuestro país no existe legalmente la pena de
muerte, pero con la legalización del aborto, directa o indirectamente
se está legitimando la pena de muerte para unas vidas de niños
que aún viven en el vientre de su madre; por circunstancias ajenas
al niño tiene que ser víctima de un crimen, de un asesinato
sin misericordia, sólo porque las leyes lo estipulan y lo obligan
a cumplir.
Me pregunto, y les pregunto ¿Qué mal ha hecho un niño
que está en el vientre de mamá? ¿Acaso le ha robado
al país? ¿Ha violado? ¿Acaso pertenece a los hombres
de cuello blanco o a los corruptos de turno? ¿O será que
es culpable de ser un matón a sueldo o hace parte de la subversión?
¿Qué es lo que ha hecho un inocente para que le hayan decretado
la pena de muerte y no le den la oportunidad de vivir como un derecho
que le pertenece?
Entiendo que la pena de muerte, en los países donde está
legítimamente aprobada, es para castigar al culpable, para limpiar
una sociedad, y crear una cultura de respeto y honradez, y evitar otros
males que pueden descomponer la sociedad. O en circunstancias mayores
como la violación, la traición a la patria, asesinato, etc.,
pero no para los niños que nada malo han hecho, y además,
no pueden defenderse y gritan desde el vientre de la madre ¡Quiero
vivir como tú vives!
En Colombia siempre se ha rechazado la legalización de la pena
de muerte, aun en medio de un ambiente de violencia institucionalizada
que vivimos. Violaciones frecuentes a menores de edad de hombres sin alma
y sin corazón. De asesinos entrenados y preparados para matar a
sueldo; porque somos conscientes del valor y el respeto a la vida. La
vida como el regalo más precioso de Dios y un derecho que nos pertenece,
donde nadie tiene derecho a pisotearla, menos asesinarla. Sabemos de la
grandeza de la vida, incluso con todas las dificultades.
Obligar a través de leyes a aplicar la pena de muerte para los
niños, en el caso concreto de las clínicas, hospitales y
médicos, es otro de los desaciertos y vacíos de las leyes
colombianas, específicamente de la Corte Constitucional. Se tiene
que respetar la "objeción de conciencia" para quienes
por su ética, profesionalismo y dignidad de hombres y mujeres de
bien rechazan esta medida de ejecutar la pena de muerte a través
del aborto.
Para ese matón frecuente, para ese violador de menores, para ese
corrupto de cuello blanco, nos ha tentado pensar en la pena de la cadena
perpetua; mas no la pena de muerte porque nada ni nadie tiene derecho
a quitar la vida.
Se alberga la esperanza, por qué no, de una rehabilitación
o un cambio para este tipo de seres humanos. ¡Por favor, no matemos
a los niños! ¡Castiguemos a los culpables!
Una
luz de esperanza
Por Mario Andrés Arturo Rosero macartur2000@yahoo.com.ar
Nuevamente en nuestro país existe la posibilidad de que tres personas
secuestradas por las Farc recobren la libertad.
Este nuevo gesto unilateral sería una muestra clara de que pese
a los últimos acontecimientos binacionales se enciende una luz
de esperanza para que se encuentre una salida negociada al conflicto armado,
que desde hace varias décadas enfrenta Colombia.
Una de las personas que sería liberada el próximo 18 de
marzo, es el cabo segundo Pablo Emilio Moncayo, hijo del "Caminante
por la Paz", Gustavo Moncayo, principal gestor de la liberación
de secuestrados a nivel mundial y un símbolo verdadero del drama
que viven las familias de los plagiados.
Con esta liberación continúa ganando terreno y simpatizantes
en nuestro país el presidente venezolano Hugo Chávez Frías,
quien es quizás el único capaz de sacar adelante un posible
proceso de paz entre el Gobierno colombiano y los alzados en armas.
Uno de los puntos a favor de Hugo Chávez, es sin duda la fe que
depositan en él las familias de los secuestrados, quienes al no
encontrar apoyo verdadero en Colombia optan por dirigirse a la hermana
República de Venezuela para que desde allí se logre algún
acercamiento que posibilite la liberación de sus seres queridos.
Ahora bien, entre las personas más destacadas que se han dirigido
a Chávez con el fin de que se adelanten las liberaciones, está
Yolanda Pulecio, medre de la ex candidata presidencial, la franco-colombiana
Ingrid Betancourt. Ella siempre buscó apoyo en el gobierno de nuestro
país con el fin de que se facilite el tan ansiado intercambio humanitario,
sin embargo ante la negativa de las Farc de negociar con el presidente
Uribe y ante los inamovibles gubernamentales, ese intercambio es cada
vez más difícil de alcanzar.
Lo mas importante en medio del conflicto armado colombiano es que las
partes encuentren por lo menos un objetivo común, que en definitiva
debería ser el mejoramiento de la calidad de vida de todos los
compatriotas, pues si se desarrolla un proceso de paz que deje por fuera
la equidad económica y la identidad de los latinoamericanos, éste
está destinado al fracaso.
Por último, no queda más que confiar en que, después
de todo, este nuevo proceso represente una esperanza para quienes somos
partidarios de una salida política y negociada al conflicto armado.