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¡Adelante
señor Presidente!
Juan Miguel Narváez Eraso
La inteligencia, sabiduría y decisión fueron algunos de
los valores que llevaron a nuestro presidente Alvaro Uribe Vélez
y a las Fuerzas Militares a rescatar sanos y salvos a la ex candidata
presidencial Ingrid Betancourt, a los tres estadounidenses y a 11 militares
que por muchos años estuvieron en las selvas colombianas en poder
de la subversión.
La buena noticia, que sin lugar a dudas continúa dando la vuelta
al mundo por la cinematográfica forma en que el Ejército
Nacional los liberó de las "garras" de la insurgencia,
fue destacada no sólo por los mandatarios de América Latina,
sino de todo el globo terraqueo.
En todos los noticieros se observa que al comandante de las Fuerzas Militares,
general Freddy Padilla de León, no se le borra la sonrisa del rostro
por el triunfo de la "Operación Jaque".
En las diferentes entrevistas realizadas por los medios audiovisuales
el oficial, vestido con uniforme camuflado, asegura con firmeza sentirse
orgulloso de sus hombres y ratifica que la guerrilla está llegando
a su fin.
En la entrega al país del parte de victoria sobre la mencionada
operación, el comandante recalca que se les respetó la vida
a los guerrilleros y reveló que la operación duró
22 minutos, la cual había comenzado a inicios de este año
con una infiltración a estructuras del grupo alzado en armas que
tenía a Ingrid, a los estadounidenses y a los policías y
militares.
Con el exitoso accionar de la Fuerza Pública a quince hogares,
de Colombia y de los Estados Unidos, volvió la felicidad, la alegría
y por supuesto la paz. Ojalá que todas las acciones militares que
en Colombia tienen como meta garantizar la vida (de secuestrados y de
la ciudadanía en general), continúen haciendo familias felices.
Los colombianos confiamos en que muy pronto los secuestrados que continúan
en poder de la insurgencia volverán a sus hogares junto a sus padres,
esposos, hijos, abuelos y demás familiares.
¡Adelante Presidente!, que con sus buenas acciones todos los seres
humanos que en contra de su voluntad perdieron la libertad por culpa de
los grupos alzados en armas, se reencontrarán con sus seres queridos
para disfrutar de la vida.
El
arte de la guerra
Harold Wilson Montúfar Andrade
Los hechos de nuestra realidad siempre han superado
la ficción. La realidad colombiana de los partidos de fútbol
y de sus árbitros que se roban un gol en el último segundo
del partido, los rescates de película con los mejores actores de
teatro infiltrados en helicóptero a bordo, los secuestros más
sofisticados en pleno centro de ciudades como Cali y Neiva o el aterrizaje
de un avión secuestrado en plena vía central del Huila,
las minas antipersona en las que siempre caen mortalmente los niños
y niñas que juegan con la naturaleza, los choques de trenes institucional
entre las altas Cortes y el Presidente; nombres sin homónimo como
Yidis, Teodolindo, Salvatore que superan cualquier Irangate o Watergate;
la visión suspendida en el tiempo de los gladiadores de la edad
media de un desertor de la guerrilla con una mano cortada de su comandante
en su equipo o cabeza en bandeja de plata; el asesinato de lesa humanidad
en las condiciones más salvajes de más de 40.000 víctimas
de los paramilitares; los cerca de 15.000 guerrilleros que aún
marchan por las selvas colombianas sin tener a donde llegar y el tener
un conflicto armado de más de 40 años, el conflicto interno
más antiguo del mundo. Son sólo algunos de los numerosos
casos que nos hacen únicos a los ojos del universo y en donde el
cine, el séptimo arte, queda corto ante tanto tema surrealista
que supera cualquier tipo de ficción.
Cuando miramos la fotografía de Ingrid Betancourt en cautiverio,
con su cabeza dirigida al piso, impávida, imperturbable, en señal
de protesta, nos dimos cuenta que todavía tenemos en algunos territorios
de la nación la edad feudal incrustada en el siglo XXI. En estos
días, cuando miramos de nuevo a Ingrid en libertad, apareció
nuevamente la ruptura de los tiempos, aún con sus botas de fatiga
y su chaleco militar, volviendo a la ciudad y a los suyos, por obra de
un macondazo impresionante del Ejército Nacional de Colombia, sirvió
nuevamente para que nos demos cuenta de que existe otra Colombia, donde
se vive diferente y donde existe una guerra anacrónica. Y esta
lejanía de la guerra colombiana de la historia contemporánea
es lo que nos debe llevar a repensar el conflicto y el surrealismo colombiano.
Sun Tzu en el Arte de La Guerra, dice que el mejor combate que se gana
es aquel en el cual no es necesario el uso de la violencia, es más,
ganar una batalla sin entrar en combate es la máxima de los invulnerables.
Pero también se puede ganar un combate no sólo con el uso
de la fuerza, sino con el uso de la astucia: espionaje e infiltración.
Otro texto de cabecera para explicar algunas acciones es el Príncipe
de Maquiavelo, en donde la máxima que el fin justifica los medios
sigue imperando para acciones legítimas e ilegítimas. Esto
se llama hoy operaciones Limpias o Golpes de Mano, que los ha dado tanto
el Ejército Nacional como los grupos ilegales de cualquier naturaleza.
Obviamente con la operación 'Jaque' el Ejército Nacional
tiene la iniciativa.
Es tiempo ya de abandonar la anacronía de la guerra y pensar en
soluciones integrales de paz para este impar país surrealista del
universo. Los grupos armados ilegales deben actuar con urgencia en la
solución política y negociada al conflicto. El Arte de la
Guerra debe revertirse al Arte de la Paz, abandonar a Maquiavelo y aprovechar
que tenemos Macondo para otros cien años de presencia.
http://montufarconsultores.blogspot.com
Destellos
FAUSTO MOLINA REYES
Los jóvenes no van a ninguna parte
En 30 años nuestros jóvenes, de esta y la siguiente generación,
morirán o serán mutilados, deformados y "esterilizados",
por los efectos electromagnéticos de la tecnología, que
hoy los esclaviza, sobre todo por las excesivas cargas de más,
de la que verdaderamente necesitan, particularmente en menores que no
conocen de "límites y responsabilidad", porque no hubo
quien se los impusiera a tiempo. La gente nunca le pone límites
a sus excesos. El precio pagado por la "comodidad" de la tecnología
no tiene referentes en la historia de la sociedad humana.
Es en lo que hace la gente lo que determina el resultado final de cada
uno y las sociedades. Contrariamente a lo que se asegura hoy no es en
lo que creen estos, o en lo que recitan como loros mojados, o discuten
a rabiar, o en lo que dicen "sentir", ni siquiera "en sus
propios" conocimientos, ni mucho menos en lo que aparentan.
El 80% de hombres y mujeres invierten sus vidas, recursos, bienes y cuidados
exclusivamente a las apariencias, y estas son sus argumentos, fortalezas,
imágenes, trincheras, "cartas de presentación"
y recursos deshonestos para atrapar, obtener, codiciar, alcanzar, etc.,
"todo cuanto se proponen" sin conseguirlo nunca, porque son
quienes caen en sus propias trampas. Y todo porque los jóvenes
no van a ninguna parte, y porque ni siquiera "en sus afanes sin norte"
alcanzan a diligenciar los pasaportes a su destino final.
Los faros se apagaron, las brújulas enloquecieron, los maestros
desaparecieron y el tiempo se acabó para muchos de estos jóvenes.
Los resultados están sólo en lo que hace la gente. Este
es el punto. El resultado demuestra quien es el autor y quien es el actor.
A los jóvenes les gusta que los miren y los admiren sólo
por ser jóvenes, pero cuando se les escuchan sus vacíos,
sus desconocimientos y desorientaciones, sus egolatrías y egocentrismos,
la retirada es inminente por parte de los pocos inteligentes que tienen
los pies puestos sobre la tierra a su edad con destino seguro.
La gente vive derrotada y hace "lo que le provoca" o lo "que
le viene en gana" desconociendo los efectos inmediatos, colaterales
y posteriores, que sobre todos los humanos tienen que venir. Aunque viendo,
no vean; escuchando no entiendan, y percibiendo sigan ciegos, estos siguen
cometiendo los mismos errores de sus padres, antepasados y la gente común
y corriente que no tiene interés diferente al de "sacarle
provecho a su cuarto de hora" "que les da la vida" pero
"a su manera"... una manera completamente errada.
¿Por qué la gente nunca tiene claro cual es su pareja perfecta,
y tiene que "experimentar" en otras, hasta destruirlas, para
"hallar la suya"? ¿Por qué la gente nunca tiene
claro (en su fuero íntimo privado) sobre la felicidad, los talentos,
los dones, los éxitos, los triunfos, sus riquezas, etc, y los busca
en las mentiras, las drogas, las pandillas, la ociosidad, el licor, las
estridencias, etc.?
La gente jamás pregunta, con su "perfil" y dotación,
qué puede hacer, cómo alcanzar las mejores posiciones, y
cómo sacarle provecho legítimo a sus vidas. Los jóvenes
no van a ninguna parte porque nunca han sabido a dónde ir, ni qué
dirección tomar, ni con quién, o qué buscar, por
eso terminan esclavos de una mala relación, en quiebra permanente,
aburridos, suicidándose o maltratando a otros, y sus almas en la
cárcel, deprimidos, cuestionados, o en circunstancias irreparables
para el resto de sus vidas.
¿Responsables? Muchos, cada uno sabe quienes fueron. Los jóvenes
se intoxican y consumen basura visual, afectiva y sentimental "porque
algo anda mal". A nadie le importa la vida de sus jóvenes,
aunque se inviertan sumas onerosas equivocadamente.
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