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San Juan de Pasto, julio 04 de 2008

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Camino a la paz
William Acevedo Sánchez

El extraordinario operativo del Ejército Nacional, sin balas ni sangre, que permitió traer de regreso a Ingrid Betancourt, los ciudadanos norteamericanos, soldados y policías, después de tantos años de secuestro por parte de las Farc, no sólo sirvió para demostrar la capacidad del Gobierno para recurrir a los mecanismos necesarios para liberar a los secuestrados sino para plantear la urgencia de comenzar ahora la búsqueda de un camino hacia el proceso de paz.
Faltan muchos secuestrados, aún en poder de la guerrilla, y sin duda habrá que agotar esfuerzos para lograr que ellos también regresen al seno de sus hogares. Pero lo que acaba de suceder es un primer paso para que los actores del conflicto bajen por un momento las armas y con espíritu de reflexión acepten la posibilidad de un acercamiento al diálogo con el gobierno para ponerle fin al desangre colombiano.
La guerra por las armas nadie la va a ganar, y eso lo saben tanto el Gobierno como la insurgencia y por lo tanto es inútil seguir derramando sangre, perpetrando atentados y protagonizando enfrentamientos en los que casi siempre lleva las de perder la gente inocente, la población civil.
Creemos que la forma como el presidente Uribe le mostró al mundo el gran suceso de sus Fuerzas Armadas, es decir con seriedad, fortaleza pero con ánimos de apaciguamiento e invitación al diálogo y no a las armas, es la actuación más brillante que ha tenido a lo largo de su mandato en cuanto a este penoso capítulo de la historia colombiana. Se actuó con inteligencia y sobre todo con respeto por la vida.
Ahora, solamente se espera que la guerrilla observando con ecuanimidad, frialdad -si es necesario- el suceso registrado y la actuación gubernamental, también realice un alto en su camino y considere esa posibilidad de un acercamiento para hablar de paz. Primero, dejando en libertad a todos los secuestrados, civiles, policías y militares que aún tiene en su poder y a través de este acto manifestar una decisión que más que militar debe ser política pero que servirá definitivamente para acabar con la violencia que azota al país. Está demostrado, insistimos, en que la balacera de todos los días, las bombas, las minas y las escaramuzas, no llevarán a ningún triunfo a ninguno de los contendientes.
Ahora, ante la mirada del mundo, después de lo que ha acontecido para bien de Colombia, es la oportunidad que se ha buscado durante décadas para identificar definitivamente el verdadero camino hacia la paz. No más guerra, más diálogo, más compromiso con el pueblo colombiano y más respeto por el derecho a la vida. El país, sigue esperanzado. Gracias.
wacevesan@yahoo.com

TRAGACANTO
RICARDO SARASTI

La mano de Dios

Cualquier aficionado al fútbol, o incluso la persona que por inercia asiste a este espectáculo llevada por la bulla del momento, recuerda o le es fácil recordar el momento en el cual Maradona le mete con la mano un gol al arquero de la selección de Inglaterra en aquel Mundial de 1986.
Sucede que en este deporte una de las reglas inquebrantables es la que estipula que sólo el protector del arco es quien puede hacer uso de las manos dentro del espacio que le está dado resguardar, los demás jugadores sólo pueden manejar el balón, aparte de los pies, con la cabeza y el tronco. De llegar a utilizarse la mano el árbitro o juez debe calificar la jugada como falta y proceder a cobrarla en favor del equipo contrario de aquel al cual pertenece el jugador infractor. Si la jugada ha servido para anotar un gol el tanto debe invalidarse y el jugador debe ser amonestado con tarjeta amarilla, si no roja, que implicaría ser sacado del juego.
Sin embargo, nada de esto sucedió en aquella tarde calurosa de México, el gol fue validado y con él el onceno argentino disputó contra Bélgica su paso a la final. Los resultados siguientes le permitieron coronarse al equipo gaucho campeón y hoy nadie pone en entredicho ese resultado, porque tal como lo repite "el Diego", eso es parte de la historia y la historia no se puede repetir para cambiarla.
De esa historia irrepetible forma parte también la explicación que momentos después del partido con Inglaterra diera sobre la forma como anotara uno de los dos goles, simplemente dijo que había sido "la mano de Dios" la autora de uno de ellos.
Nadie pone en duda la calidad de aquella selección y menos la maestría con la cual el Maradona de entonces jugó cada uno de los partidos, incluso en el mismo partido contra la selección inglesa el jugador argentino deja para la posteridad inscrito su nombre entre los grandes, con lo que se hado llamar el gol del siglo y con él sería suficiente para atenuar la falta, disculpar al jugador y no poner en duda la autoridad de los entonces jueces del evento deportivo.
No obstante, aparte de la calidad del equipo ganador, el haber incurrido en la falta y manifestar ser conciente de ella y validarla como parte del resultado final acaba con la pureza de un triunfo que de no ser discutible quedó con esa mancha. En el mundo de los cínicos para no pocos es algo menos que una anécdota de las tantas con las que puede recrearse no sólo la historia del deporte sino la historia toda de la humanidad. No de otra forma el fraude termina convalidándose así mismo y dándole la razón a Maquiavelo cuando dice que para todo aquel megalómano ambicioso de ostentar poder el fin siempre justificará los medios en el marco de la moral que todo lo convierte en acto lícito mientras se considere necesario, así el mismo haya tenido que destruir la norma que lo calificaba por fuera de las instituciones.
Señor presidente Alvaro Uribe, a usted como a Maradona la mano de Dios le dio su empujoncito y de eso nadie duda. El voto de Yidis y la ausencia de Teodolindo forman parte de la asistencia divina con la cual en ocasiones su Dios y el de Maradona decide ayudarlos tal como lo afirma una y otra vez el jugador argentino "el gol fue gol, Argentina fue campeón, y él el mejor jugador del mundo".
Lo hecho, hecho está. La niña que hace reconstruir su himen (el de ella) para recuperar la virginidad sólo engaña su misma conciencia y hasta de pronto al novio, pero a los que conocen de sus andanzas no.

Wilmar Roldán, un descarado
Hernán Insuasti Gonzales (Acord-Nariño)

Cuando en este momento todos los miembros de la prensa deportiva debíamos estar hablando de una magnífica final en el fútbol profesional colombiano o del extraordinario y heroico título alcanzado por la Liga Deportiva Universitaria de Quito en la Copa Libertadores de América, qué lástima que un árbitro sea el centro de atención en el balompié nacional e internacional, y no precisamente por aspectos positivos.
El antioqueño Wilmar Roldán acabó con la poca credibilidad que había en el arbitraje colombiano, luego que de manera descarada y sospechosa le anulara un gol legítimo al Boyacá Chicó la noche del pasado miércoles en el estadio Olímpico Pascual Guerrero frente al América de Cali en la finalísima del Torneo Apertura.
Cuando transcurrían los últimos treinta segundos de los tres minutos que dio como adición, Chicó marcó un gol, pero antes de que traspasara la raya de meta el "genial" juez dio por terminado el encuentro, algo que se sale de toda lógica y que jamás lo habíamos visto en el mundo. Es cierto que el árbitro puede dar por concluido el partido cuando considere conveniente; sin embargo, nadie toma esa determinación afectando a un equipo.
No sé si hablar de mala fe, deshonestidad o venganza, pero lo cierto es que Wilmar Roldán se comportó como un absoluto incapaz, que no merecía pitar la final del fútbol colombiano o incluso no debe estar en la elite del balompié nacional.
Me refiero a venganza debido a que Roldán ya había tenido problemas con el presidente del Boyacá Chicó, Eduardo Pimentel, quien había dicho que este árbitro no le gustaba para la final, ya que en tres partidos anteriores le "había metido la mano" al cuadro boyacense, entonces, a lo mejor este réferi pudo dirigir el encuentro con cierto resentimiento.
Lo que resta ahora es pedirle a la Comisión Arbitral que sancione drásticamente a ese pésimo árbitro, para que así se obre de la misma manera con que se castigó al caldense Jorge Hernán Hoyos, a quien se lo "desapareció del mapa" por un garrafal error que tuvo a mediados del año 2007.
Ojalá el próximo domingo en Tunja se mire un buen trabajo arbitral y no a unos jueces que se quieren poner en el camino de los equipos sin mucha historia en nuestro país, los cuales llegando a las finales les están dando bofetadas a los encopetados y tradicionales clubes colombianos, que en otrora ganaban títulos, pero empleando artimañas, cosas turbias y sucias.
insuastigonzales@yahoo.es