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¡Al
fin libres!
Guillermo Andrés Ortega Díaz
Magnífica y gratificante fue la noticia del rescate de 15 personas,
entre ellas Ingrid Betancourt, 3 norteamericanos y 11 militares y policías.
El secuestro que ellos estaban sometidos por parte de las Farc ya terminó,
y la zozobra de los familiares y allegados concluyó en un final
feliz.
Y comparto las declaraciones del presidente Alvaro Uribe donde manifiesta
que el final de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc)
está cerca, eso sí gracias a su política de "seguridad
democrática" que algunos detractores critican.
La política de seguridad democrática que planteó
Uribe fortaleció las actividades y la presencia de los órganos
de seguridad a lo largo del territorio nacional, por eso todos los colombianos
que recorremos las carreteras de nuestro país y visitamos nuestras
lindas regiones de Colombia vemos que la seguridad ya es un hecho en nuestro
territorio.
Por eso nuestro país poco a poco recupera el orden y la seguridad
por esta política de seguridad democrática que garantiza
la protección de los ciudadanos.
El Estado está velando por nuestra protección sin distinción,
para que todos los colombianos podamos disfrutar nuestros deberes y derechos
de ciudadanos. Cabe destacar la estrategia del gobierno de implementar
y crear las redes de cooperantes, el ofrecimiento de recompensas a informantes,
y eso se ve porque cada día se desmovilizan miles de subversivos
y se integran a la sociedad civil.
Con esta política de seguridad se han disminuido en los primeros
seis meses de 2008 los secuestros, un total de 45, frente a los 127 casos
reportados en los primeros 6 meses de 2007, esto significa una disminución
del 78.4%.
Esto constata que en los últimos tres años 1.283 colombianos
han sido rescatados por las autoridades gracias a la red de informantes
y la colaboración con la Fuerza Pública que siempre garantizan
la seguridad.
Por eso mil felicitaciones a todos los militares que participaron en esta
excelente operación. Al general Freddy Padilla de León,
que coordinó esta operación, y sobre todo al presidente
Alvaro Uribe Vélez por la extraordinaria política de seguridad
democrática.
PEON
Camino hacia un poder popular
"El bien obrar no sólo requiere una voluntad poderosa, capaz
de sofrenar las pasiones sino un criterio ajustado a la verdad, que le
sirve de guía".
G. Porras Troconis
Luis Eduardo Solarte Pastás
Con la finalidad de catalizar la problemática social a través
del trabajo de las propias comunidades envueltas en el proceso de crisis
económica, social, política y cultural, por medio de la
Ley 19 de 1958 se institucionalizaron las Juntas de Acción Comunal.
En un principio la "ilusión del Estado Moderno" fue llegar
hasta todos los rincones del país, cubrirlo con sus brazos todopoderosos,
integrarlo, dotarlo de vías, salud, educación, bienestar,
progreso; pero lastimosamente ese objetivo nacional sólo se quedó
en una simple y llana intención porque los dueños del poder
y, por ende, del presupuesto público no se han interesado verdaderamente
para coadyuvar con las comunidades en la búsqueda de eficaces soluciones
a las necesidades más apremiantes que padecen.
Indiscutiblemente esa indiferencia estatal ha hecho que pocas personas
crean ya en el poder del Estado para llegar a lo marginal: "A los
territorios que se desarrollan salvajemente, en medio de colonizaciones
caóticas del narcotráfico; a la delincuencia obligada o
voluntaria, que no la alcanza un aparato de justicia basado en la impunidad,
la inmoralidad y la ineficiencia; a la inseguridad urbana o rural, que
rebasa todos los aparatos policiales y los más elementales derechos
humanos; al esquema político para transformar la democracia formal
en democracia real de participación civil y económica".
A pesar de esa negligencia gubernamental el movimiento comunal ha continuado
realizando su propia historia para beneficio de cada uno de sus integrantes.
Hoy, tan sólo en el municipio de Pasto se han conformado legalmente
cerca de 270 Juntas de Acción Comunal, las cuales buscan lograr
una auténtica y efectiva participación dentro de las decisiones
administrativas y presupuestales que tome y llegue a tomar la administración
del alcalde Eduardo Alvarado Santander.
Pero sin que en ningún momento se les vulnere su autonomía
e independencia y mucho menos se las manipule en procura de intereses
politiqueros, a cambio de una pírrica partida económica
que se les asigne para que dizque trabajen en beneficio de los habitantes
del corregimiento, la vereda o el barrio.
Porque la experiencia se ha encargado de demostrar que cuando se pretende
la unión de las comunidades lo único que se ha conseguido
es facilitar a los grupos dominantes la posibilidad de identificar y neutralizar
a los líderes comunales para convertirlos en instrumentos de control,
más que de participación a favor de la gente que representan.
Quienes se están dando a la tarea de instruir y capacitar a los
dirigentes de las Juntas de Acción Comunal, tanto en Pasto como
en el resto de los municipios del departamento, deben tener pleno conocimiento
que la participación auténtica pretende estimular la autonomía
local y regional.
Que los propósitos con los que se desea fortalecer y consolidar
las Juntas de Acción Comunal no sea un sofisma más de distracción
para anidar en su seno aspiraciones políticas de tal o cual partido,
sino que por el contrario, sirva de insertación en la coyuntura
histórica que vive el país para obtener una participación
real en las administraciones del alcalde Alvarado Santander y de otros
mandatarios municipales.
Por consiguiente, en su función los instructores y capacitadores
tienen que ser imparciales a las tendencias políticas o politiqueras
que en la actualidad rondan como plagas y no olvidar que las Juntas tienen
como meta el cambio de actitudes de las personas y comunidades, orientándose
por encima de todo interés grupista o personalista, hacia la consecución
de un verdadero desarrollo integral que permita abrir el camino que conlleve
a la construcción y al ejercicio de un verdadero poder popular.
solarpastas@hotmail.com
El
tercio privilegiado
Juan Camilo Restrepo
Según la revista "The Economist" para el verano de este
año dos tercios de la población mundial estarán viviendo
en ambientes inflacionarios de dos dígitos. Es el dramático
despertar de los demonios de la carestía que amenaza con desestabilizar
a países como China, Rusia, Venezuela, India y Argentina, entre
otros.
El alza desmesurada de los combustibles y de los alimentos es, por supuesto,
la causante de esta que parece ser la sombría novedad de la economía
mundial en 2008.
¿Cómo estará Colombia en este escenario? ¿Estamos
al abrigo?
Todos los observadores coinciden -y el Banco de la República parece
aceptarlo- que la meta de inflación originalmente fijada para este
año no se va a cumplir. Estará unos dos puntos por encima,
es decir, en niveles entre el 6,2% y el 6,5%.
El gran peligro es que se vaya a subir de ahí. Y que -Dios no lo
quiera- se pudieran presentar choques adicionales que nos pusieran en
peligro de traspasar la barrera hacia inflaciones de dos dígitos.
Seguramente no llegaremos allí y, por el contrario, seguiremos
haciendo parte del tercio privilegiado de los países con inflaciones
de un solo dígito. Sería una verdadera tragedia que así
no fuera.
Pero para que logremos mantenernos en ese grupo privilegiado se deberán
seguir ciertas normas mínimas de disciplina económica. A
saber:
El Banco de la República tendrá que seguir vigilante. Ya
lo está. Es su responsabilidad constitucional prioritaria. Y si
llegaran a presentarse nuevos cabeceos inflacionarios tendrá que
adoptar medidas adicionales. No necesariamente subiendo más las
tasas de interés (lo cual sería muy nocivo) sino endureciendo
las estrategias de control monetario directo como los encajes. Que han
salido del cuarto de San Alejo donde se encontraban recluidos desde hace
varias décadas.
El gerente del Banco de la República ha explicado con mucha claridad
que no es válida la argumentación de quienes sostienen que
porque lo que está subiendo son los productos importados, el Emisor
no debe actuar. Existe el riesgo de que alzas bruscas en los bienes comercializados
internacionalmente (petróleo y cereales por ejemplo) se traduzcan
en incrementos generalizados de expectativas inflacionarias para toda
la economía si el Banco Central no actúa.
El Gobierno, a su turno, debe evitar la histeria y privilegiar acciones
sensatas que ayuden en la lucha antiinflacionaria. Por ejemplo, estuvo
muy bien que "recogiera velas" en la improvisada iniciativa
de promover un contraproducente acuerdo de precios. Este tipo de pactos
nunca han funcionado bien.
El Gobierno debe, ante todo, promover la competencia que es el mejor antídoto
contra la carestía. Allí donde aún sea posible reducir
aranceles para la importación de alimentos debe hacerlo. Manejar
con suma prudencia los precios que dependen de decisiones administrativas.
Hacer realmente el tan cacareado ajuste en el gasto público. Y
cuidarse de no seguir mandando mensajes equivocados y populistas en materia
salarial como los que ha lanzado recientemente para diputados, concejales
y alcaldes.
El país tiene que reafirmar el gran propósito nacional de
mantener la inflación a raya. Sería un fracaso monumental
que entráramos en el desafortunado grupo de países con inflaciones
de dos dígitos de que habla la revista "The Economist".
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